El mundo que existía hace tan solo tres décadas atrás, hoy
día no existe, es más este mismo planeta ha cambiado a pasos agigantados, en
este lapso tan corto de tiempo pasamos de un mundo bipolar, a un unipolar y,
finalmente a un multipolar. Así mismo, la frontera de la ciencia cada día
avanza más, para beneficio de los países que sabiamente han aprendido a darle
un uso comercial.
Tanto las oportunidades como las amenazas a las que se
enfrentarán las próximas generaciones serán globales, por lo que cada día les
será más indispensable entender lo global y aplicar en lo local. Es absurdo
creer que los jóvenes estarán confinados a un espacio geográfico en particular
o que la manera en que se agenciarán de ingresos será similar a nuestras formas
tradicionales de empleo. No les extrañe que un joven guatemalteco cuando desee
desarrollar un proyecto en Australia, busque un inversionista coreano. Simple y
sencillamente nuestro planeta se ha convertido en una cabeza de alfiler.
Ante un mundo cada vez más interconectado una de las
preguntas válidas es ¿les estamos dando a nuestros hijos la educación correcta?
¿Les estamos facilitando las herramientas para que entiendan las tendencias que
marcan esta era de la información? ¿Será que estarán en capacidad de entender
el funcionamiento de los flujos de dinero a nivel global? ¿Qué de su desarrollo
emocional? Después de todo, todavía conserva vigencia la frase de Aristóteles
“Educar la mente sin educar el corazón, no es educar en absoluto” ¿Hasta qué
punto les estamos enseñando a ser competitivos sin que se olviden que son seres
humanos y como tales sus emociones son importantes?
Nuestros jóvenes se enfrentarán a un mundo lleno de desafíos
que avanza a pasos agigantados, un mundo cada vez más exigente, en el que la
preparación académica de alta calidad será cada día más demandada; sin embargo,
en dicho proceso estamos obligados a no permitir que se deshumanicen. Los
padres nos enfrentamos al tremendo desafío de desarrollar el carácter de
nuestros hijos, de manera que sean autosuficientes en lo económico y
consistentes en lo emocional. Hoy en día es absurdo ignorar la educación
financiera para nuestros jóvenes, pero también es importante enseñarles que la
paz interior les permitirá alcanzar una vida plena. No tenemos que preparar el
camino a nuestros hijos, tenemos que preparar a nuestros hijos para el camino.
Hoy nos enfrentamos ante el hecho que preparar un patrimonio
heredable, en muchos casos es una apuesta incierta, puesto que el concepto de
riqueza es cambiante, por lo que darles una adecuada educación financiera es un
mejor recurso. Al mismo tiempo tenemos que tomarnos el tiempo para cultivar en
el corazón de nuestros hijos un adecuado patrimonio emocional. ¿Cuándo fue la
última vez que evaluamos si nuestros muchachos cuentan con una adecuada auto
estima? ¿Nos hemos tomado el tiempo de enseñarles a respetar a los ancianos?
¿Habrán aprendido a respetar el derecho ajeno? ¿Tendrán el suficiente carácter para
pensar de una forma original, sin que les de miedo ser vistos como bichos
raros?
El desarrollo de las próximas generaciones
necesariamente tiene que ser sistémico, por su propio bien, es decir, cada
aspecto de su vida tiene que apalancar el desarrollo de los demás aspectos.