Es evidente que cuando
hablamos de desarrollo económico, una de las condiciones necesarias para que el
mismo afiance y apalanque un sistema democrático, es que el crecimiento del
producto interno bruto signifique bienestar para la mayor cantidad posible de
los miembros que componen una sociedad.
En nuestro país llevamos dos
décadas teniendo estabilidad macroeconómica, sin embargo, las tasas de
crecimiento económico han sido insuficientes en la mayoría de los años en
cuestión. Si nos damos cuenta uno de los discursos más recurrentes en las
distintas campañas presidenciales es precisamente el que gira en torno a la redistribución
del ingreso, es muy común que se diga que no se incrementarán los impuestos y
al momento de ejercer el poder –los nuevos gobernantes- empiecen con los argumentos humanitarios con la finalidad
de incrementar la carga tributaria.
Me atrevo a decir que la
primer política de redistribución de ingreso que tiene que existir, es la de
generar crecimiento económico. El refrán popular indica ¿cuál es la mula? ¿Y
cuál es la carreta? No vamos a reducir la pobreza si en el último año hemos
retrocedido tres puestos en el índice global de competitividad. La gente para mejorar su calidad de vida
necesita ingresos, para que haya ingreso tiene que existir demanda de trabajo,
para que la demanda de trabajo sea una realidad es ineludible atraer inversión
y, para que nos venga inversión es indispensable ser competitivos.
El siguiente componente que
considero es de vital importancia es vincular a las nuevas generaciones a los
empleos de la economía formal, si bien es cierto que desde la apertura
democrática y principalmente desde la firma de la paz, se logró una cobertura
de las escuelas de nivel primario en el territorio nacional, es muy cierto y
alarmante a la vez la deserción y la repitencia en los primeros años de la
primaria, estos niños que abandonan durante los primeros años los estamos
condenando a una vida dentro de la economía informal, y pasaran a formar parte de
la población con menor nivel de ingresos. En consecuencia la segunda medida
redistributiva que propongo es la universalización de la cobertura educativa a
nivel preprimaria, ya que la misma vendría a reducir el abandono de la escuela
primaria. Adicionalmente en paralelo, junto con la cobertura, tendría que
existir el programa del desayuno escolar para que los nutrientes que reciban
los niños les facilite un adecuado desarrollo cerebral.
La tercer política
redistributiva estaría orientada a enfrentar los problemas de inseguridad, es
inaudito que una persona que vive en un área marginal y que lucha por superarse
llega a tener la iniciativa de aperturar una tienda de barrio y, lo primero que
tiene que enfrentar es la extorsión de un grupo de mareros. Las extorciones y
los robos impiden que las personas que no pueden pagar seguridad privada no puedan
acumular capital y en consecuencia no puedan incrementar su nivel de ingresos.
Una política seria en el tema de la seguridad es indispensable para reducir la
pobreza.
En fin si deseamos
consolidad nuestro sistema democrático es imperativo lograr un crecimiento
económico incluyente.
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